La relación con los iguales.
La actitud del adulto influye mucho en el tipo de relaciones que establecen los niños entre ellos. La más favorecedora para el desarrollo de la autonomía intelectual, afectiva y social es la que permite que discutan y resuelvan los problemas entre ellos.
Además una relación afectiva coherente con los padres favorece el desarrollo social y afectivo con los demás. Aquellos que con 3 años constituyeron una relación de apego seguro con sus madres eran más competentes socialmente; habría por tanto una relación de continuidad entre el tipo de relaciones establecido con los padres y el establecido con los iguales. Las relaciones con estos favorece el descentramiento social y cognitivo (porque las perspectivas de otros niños son más próximas que las de los adultos), la canalización y regulación de la agresividad y el reconocimiento de los derechos y deberes de los demás.